Opinión

Hoy se cumplen 28 años del secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Mi humilde homenaje en este luctuoso aniversario de lo sucedido entre los días 10 y 12 de julio de 1997, con el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido.
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photo_camera La imagen de fondo de ha obtenido de una fotografía de la vigilia en Ermua por la liberación de Miguel Ángel Blanco, aquel fatídico 12 de julio de 1997. Imagen utilizada este año por la Fundación Miguel Ángel Blanco para el cartel de este aniversario de 2025.

Hoy, 10 de julio de 2025, se cumplen 28 años del secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido, perpetrado por miembros de la banda terrorista ETA. En aquel año de 1997, Miguel Ángel Blanco era un joven concejal del PP de la localidad vizcaína de Ermua, que compaginaba su actividad política con otro trabajo, además de cultivar su afición por la música.

Pocos días antes de su secuestro, el 5 de julio, la Guardia Civil había liberado de un criminal y monstruoso secuestro cometido por otros terroristas, también de ETA, al que fue sometido durante 532 días en un zulo de 3 metros de largo por 2,5 de ancho y 1,8 m de altura, José Antonio Ortega Lara, funcionario de prisiones. En ambos casos las reivindicaciones de los terroristas fueron las mismas, el acercamiento de miembros presos de la banda criminal en manos de las autoridades.

El rapto de Miguel Ángel se produjo cuando éste se dirigía a pie hacia su puesto de trabajo, ubicado en la cercana localidad guipuzcoana de Éibar. Los terroristas le abordaron justo al comienzo del trayecto que debía recorrer desde la estación del ferrocarril de Éibar hasta su empresa, introduciéndolo por la fuerza en un vehículo y abandonando el lugar hacia su escondite.

El 12 de julio, uno de los terroristas le descerrajó dos disparos en su cabeza.

Dos días después del secuestro, Miguel Ángel Blanco sería asesinado por uno de los sicarios de ETA. Ese día, 12 de julio, lo llevaron maniatado en un vehículo hasta una pista forestal en Lasarte, donde uno de los terroristas descerrajó dos disparos en su cabeza, para posteriormente dejarlo moribundo y abandonado en ese mismo lugar, produciéndole en el cráneo y en el cerebro gravísimas heridas, con daños irreversibles, que le causarían la muerte pocas horas más tarde.

De seguir con vida, Miguel Ángel Blanco hubiera cumplido el pasado mes de mayo 57 años. La de Miguel Ángel fue una vida más truncada en aquella supuesta España en Libertad -50 años-, de la que en este año 2025 se vanaglorian desde el Gobierno de Pedro Sánchez; dando la espalda así a una parte importante de nuestra memoria histórica colectiva, como es la de aquellas personas que sufrieron la violencia del azote terrorista y vieron sesgadas sus vidas por la barbarie de ETA. Vano intento de nuestros gobernantes y de sus socios, de transmitir falazmente la mentira de que tras la muerte de Franco en España ya se vivió en una presunta libertad.

826 personas serían asesinadas por ETA entre 1975 y 2010, en esa "España en Libertad -50 años-".

Pues bien, es conveniente y necesario recordar, en aras a reconocer la verdad de los hechos acontecidos y no permitir que se olvide lo ocurrido en el pasado que, en aquella España posterior al fallecimiento de Francisco Franco (20 de noviembre de 1975) y durante muchos años más (hasta 2010), en esa democracia que la clase política nos quiere ahora hacer pasar por perfecta y liberadora (en contraposición con el anterior régimen político existente en nuestro país), se cometieron multitud de delitos contra la integridad y la vida de muchísimas personas: con especial significación de los numerosos asesinatos, secuestros, extorsiones y acciones violentas que hay que atribuir a la banda criminal ETA. Nada más y nada menos que 826 personas serían asesinadas por ETA entre los años 1975 y 2010, en esa España en Libertad -50 años-, tan poco idílica y modélica como se pretende hacer creer mediante la infame propaganda elaborada desde Moncloa.

A las victimas de nada les sirvió el vivir en esa supuesta España en Libertad -50 años-, porque una parte de ese mensaje que ahora se lanza desde el Gobierno a la sociedad, por medio de sus campañas propagandísticas dirigidas a la opinión pública, es totalmente falso. A quienes afectó en primera persona la violencia etarra y de sus cómplices, que fueron numerosas personas, nada en absoluto les hizo sentir que se estuviese repartiendo precisamente libertad en sus vidas en aquellos años: fue todo lo contrario.

Homenaje a todas y cada una de las víctimas directas de la banda terrorista ETA.

Sirva este sexto tributo, cuando están a punto de cumplirse 28 años del cruel y miserable asesinato de Miguel Ángel Blanco, como homenaje a todas y cada una de las víctimas directas de la banda terrorista ETA y a todas las que sufrieron daños personales, psicológicos y sociales, debido al brutal y criminal acoso al que personas de sus entornos familiares, laborales o vecinales, estuvieron sometidas.

El secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco supuso un antes y un después en la percepción social que de la lacra terrorista existía en España. Pero no nos engañemos, finalmente, una parte importante de los objetivos, que con su comportamiento violento y coactivo pretendió alcanzar ETA, apoyada activamente en sus entornos más radicales, a lo largo de sus más de 40 años de existencia de su actividad delictiva (su primer asesinato se produjo el 7 de junio de 1968 y el último el 16 de marzo de 2010), continúan vivos: ahora a través de sus legatarios políticos, que incluso forman parte aceptada por el Gobierno de Pedro Sánchez para que éste pueda continuar aupado en la Presidencia.

El legado de los verdugos continúa vigente, mientras sus víctimas corren un serio peligro de ser olvidadas por una parte significativa de la clase política española: contribuyendo así a la desaparición de la memoria colectiva de nuestro pueblo de todo aquello que les molesta para legitimar sus pactos y arreglos políticos, aunque sea con aquellos que todavía se niegan a pedir perdón, que no colaboran con la justicia para esclarecer más de 250 asesinatos pendientes de conocer su autoría y que no se arrepienten del daño causado a sus víctimas. O lo que es lo mismo: pactando con quienes representan en parte a aquellos que tienen las manos manchadas de sangre. Otra absoluta indecencia, propia de políticos miserables.


Abajo, convocatoria del homenaje previsto en Barcelona.

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