Opinión

La ventana de Overton y el aborto: un debate listo para cambiar el tablero.

El Gobierno busca introducir el aborto como derecho constitucional a través del mecanismo de la llamada “ventana de Overton”. Tras los fracasos mediáticos previos, se prepara una nueva estrategia que combina entretenimiento, confusión y emoción para movilizar la opinión pública hacia un cambio legal sustancial.

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De nuevo, Overton dará en el clavo

Fracasado el intento del año de Franco para aunar voluntades y tapar vergüenzas, se acudió al tema de Gaza con los mismos objetivos: ni por esas. De manera que ahora se trata de encontrar otro tema-estrella que, aparte de ahondar en la división entre los ciudadanos, obtenga, con la indispensable cobertura mediática, el grado de entretenimiento, confusión y pasión suficiente para desviar la atención de La Moncloa, dado que tampoco lo están consiguiendo las falaces cuentas de Tezanos.

Entretenimiento, porque se trata de mantener a la población atenta a las pantallas y a las redes (algo menos, claro, a la prensa escrita); confusión, porque se van a ofrecer los argumentos más peregrinos que en el mundo han sido, alguno de los cuales calará en el sector más desprotegido culturalmente, y pasión, ya que se van a caldear las mentes con el consabido maniqueísmo del “ellos” y el “nosotros”, correspondiendo el “ellos”, en el mejor de lo casos, a la reacción, y seguro que también a la ultraderecha y al fascismo.

Me refiero, claro, al propósito de incluir el aborto como derecho constitucional, y recordamos que ya es “legal” en España desde 2010 y ampliado con la reforma de 2023, aunque se use el eufemismo “interrupción voluntaria del embarazo”; esta “legalidad “no quiere decir, en modo alguno, que sea “legítimo”, moralmente hablando.

La maniobra mediática que sustituye debates estancados

De forma que, precisamente en este momento, el objetivo de Sánchez y su troupe va a ser este; y se reconoce como un obstáculo salvable —conociendo su capacidad trapacera— que, según la Ley de Leyes, cualquier reforma de la Constitución venga marcada por el artículo 167, del título X, que dice textualmente que los proyectos de reforma deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las cámaras, y, si no hubiera acuerdo, se intentará obtener mediante la creación de una comisión de composición paritaria de diputados y senadores, y el texto así obtenido será votado por el Congreso y el Senado.

Esto dice el punto primero del artículo, pero el segundo añade que, de no haber acuerdo y siempre que el texto hubiera obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso por mayoría de dos tercios podrá aprobar la consulta, que luego, según el punto tercero, será sometida a referéndum para su ratificación (…).

El procedimiento es harto laborioso, pero, agitado convenientemente el asunto de acuerdo con las previsiones mencionadas, y “oído el ruido de la calle”, ya hallarán el medio nuestros políticos (la mayoría de ellos, sin precisar partidos) para recorrer y salvar sus recovecos. De nada va a servir recordar que, en 1979, la Asamblea del Consejo de Europa reunida en Estrasburgo condenó el aborto, ni que, en 2011, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la U.E. declaró que la vida del embrión empieza con la fecundación, como avala la biología; tampoco que, para los católicos y creyentes en general, el derecho a la vida es el primero y principal de todos, aun cuando digan lo contrario las tesis individualistas liberales y las colectivistas del marxismo cultural.

La ventana de Overton en acción: fases de normalización política

Aquí —tiempo al tiempo— funcionará a todo gas la llamada “ventana de Overton”. Joseph Overton (1960-2003) fue un politólogo estadounidense que estudió el procedimiento habitual para que fuera aceptable cualquier decisión política por disparatada que parezca. Aunque creo que conocen esta teoría la mayoría de lectores, no está de más recordarla.

La primera fase (de lo indispensable a lo radical) corre a cargo de comisiones de “expertos” que, desde puntos de vista aparentemente científicos, informan a la opinión pública. La fase segunda (de lo radical a lo aceptable) corre a cargo de los medios de difusión, que desacreditan de entrada a los “intransigentes” y apoyan a los susodichos “expertos”. La tercera es continuación de esta (de lo aceptable a lo sensato) y se invocan ad nauseam los argumentos; estas fases ya están de antemano preparadas ahora por los gobernantes, que no cesado de repetir que los opositores “van en contra de las mujeres”.

En la fase cuarta (de lo sensato a lo popular) se promocionan películas y series televisivas, influencers y otros “prestigiosos” que defienden la propuesta mediante técnicas o directas o subliminares; no hay ni que decir que aquí juegan un gran papel lo que Gramsci denominó intelectuales orgánicos; recordemos que así se preparó el camino, por ejemplo, para la legalización de la eutanasia.

De esta forma progresiva, la idea inicial va a ser, no solo popular, sino multitudinaria; y concluye la ventana de Overton en una fase quinta (de lo popular a lo político), asegurándose que, por una parte, nuestros representantes no osen oponerse a la medida, unos por convicción y otros por cobardía; así, se emplearán todos los subterfugios legales para inclinar la balanza a favor de la propuesta. Se llegará al referéndum, donde la opinión publicada contestará de forma mayoritaria a favor.

El cuestionamiento moral y la respuesta institucional esperada

Nos queda una duda: ¿cómo reaccionará esa parte de la Iglesia católica llamada progresista, aunque sepa de antemano la condena expresa del aborto como parte de su doctrina al considerarlo como un crimen? Si echamos mano de la hemeroteca, tan molesta, recordaremos, por ejemplo, que, en 1973, un tal P. Pohier lo justificaba, al igual que don Joaquín Ruiz Jiménez (q.e.p.d), que admitía diversas consideraciones donde el aborto podía ser admitido. ¿Qué dirá la Conferencia Arzobispal de España al respecto? ¿Se tocará el tema en diversas homilías o fincarán callados muchos sacerdotes?

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