Opinión

La enésima conversión en victoria de una derrota inglesa a manos españolas.

Para los ingleses, mentir es una norma protocolaria y elevan sus mentiras a la categoría de dogmas.

Entrega XXI de la serie Hispanidad y leyenda negra. Artículos anteriores.

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Las tres grandes naciones europeas: España, Francia e Inglaterra, como vecinas, envidiosas de la grandeza del de al lado, siempre han estado enzarzadas, especialmente franceses contra ingleses, casi siempre también venciendo los segundos. Pero a la vez, ambas han estado contra la España imperial, fracasando y derrotadas a lo largo de los siglos hasta que juntas acabaron con el Imperio español en la guerra napoleónica. Pero el caso excepcional de hoy es la alianza franco-española contra los ingleses (1805), explicable, porque al cambiar la dinastía española de los Austrias a los Borbones (franceses) la relación entre ambas mejoró, hasta que llegó la traición de Napoleón, claro.

Los datos nos los presenta Federico Miguel Santaella, historiador y capitán militar, en una conferencia en el IV Congreso Internacional de la Hispanidad en Cartagena (Murcia), del 9 al 13 de octubre de 2024:

La plaza de Trafalgar Square es un monumento a una gran mentira. Ellos perdieron más barcos que la escuadra combinada franco-española, y el número de víctimas británicas (10.471 según la lista del almirante Colinwood) superó con mucho a las franco-españolas. Inglaterra no ganó la batalla de Trafalgar”.

La cosa comenzó el 5 de octubre de 1804, cuando los ingleses atacaron cuatro fragatas españolas, una de ellas cargada de monedas de plata, el 12 de diciembre España declaró la guerra a Gran Bretaña y el 4 de enero de 1805 firmó un tratado de defensa con Francia. Napoleón se planteó la invasión de las Islas Británicas y concentró un ejército de 200.000 hombres en las costas del Paso de Calés, y dijo:

Con sólo 12 horas que tengamos el control del canal de la Mancha, Inglaterra habrá dejado de existir”.

La Royal Navy era un propósito insalvable para Napoleón Y la maniobra de distracción consistió en que una armada franco-española partiese hacia el Caribe para atacar las posiciones británicas; con este señuelo, la escuadra del almirante Nelson se desplazaría hacia el Caribe para defender sus territorios de ultramar; la argucia dio resultado y antes de llegar, la combinada viró en redondo por una ruta diferente.

Virenef se inhibió y los franceses no entraron en el combate.

Todo hubiera salido redondo si el director de la combinada, el francés Virenef no se hubiera equivocado de latitud, lo que le hizo llegar a Finisterre en vez de al puerto de Brest. En Finisterre se tropezó con una escuadra británica patrullada por Calder que atacó, y así dio tiempo a que Nelson volviera del Caribe. Pero Virenef se inhibió y los franceses no entraron en el combate. Así quedó abortada la invasión de Inglaterra. Napoleón, enfurecido mandó a Virenef al Mediterráneo, pero éste no obedeció y dejó que la escuadra combinada se internase en Cádiz, donde quedaron bloqueados por la escuadra inglesa mandada por Nelson.

Describamos ahora cada escuadra:

La inglesa no era muy numerosa en un lugar concreto porque estaba esparcida por todos los océanos. Su ejército era específicamente marino, aunque su oficialidad no se formaba en academias, y adquirían experiencia navegando y los marineros eran de leva forzosa, emborrachados para engañarlos, aparecían en la bodega del barco ya en altamar. Los motines se reprimían con dureza. Y sus barcos eran poco resistentes en los combates. La artillería no funcionaba porque era de poco calibre; por eso, no entraban en combate si no tenían superioridad numérica.

Sólo se rindió cuando se quedó sin pólvora.

Pero el peor síntoma era la poca preparación de sus oficiales, a esta consigna llegaron cuando el fracaso con el navío español San Ignacio de Loyola, alias el Glorioso que, en 1747, en cuatro combates sucesivos se enfrentó hasta con 17 barcos de guerra y sólo se rindió cuando se quedó sin pólvora. Los ingleses no registraban sus navíos hundidos y para disimular le ponían el mismo nombre y matrícula a lo nuevos. Igual hacían con las bajas humanas.

La francesa algo más numerosa que la española, sus barcos eran muy veloces, con mucha arboladura, pero con las cuadernas poco espesas, eran muy endebles, eludían el contacto directo. Su táctica era acercarse al enemigo y desarbolarlo para luego huir sin poder ser perseguidos. El peor síntoma era la poca preparación de sus oficiales que habían sido depurados en la Revolución francesa, porque al proceder muchos de la nobleza habían sido guillotinados.

Los navíos españoles eran más grandes y con más dotaciones y muy resistentes.

De la Armada española, en la segunda mitad del XVIII está documentado el hundimiento de 113 buques ingleses, entre corsarios, piratas y buques de la Royal Navy. Su imperio en su cénit tenía una potente marina de guerra. A principios del XIX contaba con 79 navíos de línea de más de 64 cañones y un número indeterminado de fragatas, corbetas y bergantines. Los navíos españoles eran más grandes y con más dotaciones y muy resistentes. Muchos, del arsenal de la Habana, con maderas tropicales, sus cuadernas y tracas superaban los 40 cm. de espesor y forrados con placas de cobre, eran blindados casi indestructibles. Sus oficiales formados en las academias de Cádiz, Cartagena y El Ferrol, aprendían cartografía, astronomía, náutica, climatología y matemáticas. Citemos a Mazarrero, Churruca, Gravina y Alcalá Galiano. La leva era de voluntarios, se llamó “matrículas de mar”, eran pescadores y de la marina mercante.

La historia oficial inglesa, con el triunfalismo acostumbrado, dice que...

El 21 de octubre de 1805, los 27 navíos dirigidos por Nelson se enfrentaron a la armada franco-española de 33 navíos, al mando de Virenef, frente a los Caños de Meca, pertenecientes al municipio de Barbate, con la victoria abrumadora de los británicos, gracias a la pericia del almirante Nelson, que regresó a Gibraltar sin bajas y con la derrota humillante franco-española”.

Pero esta versión, falsa de toda falsedad, contrasta con la real que pasamos a exponer.

Por la torpeza del francés Virenet, los españoles protestaron ante Godoy; al francés le había llegado el 14 de octubre de 1805 la noticia de su inmediato cese y sustitución por Venez. Pero se negó a dimitir y se dirigiría al Mediterráneo. Gravina consideró inoportuna la salida porque los barómetros habían bajado y se preveían tempestades. La discusión llegó al punto que Alcalá Galiano retó al almirante Magú, pero al final tuvieron que acatar.

Las fuerzas británicas en realidad -según dijo el almirante Coling y un memorándum de Nelson lo ratifica- eran: 35 navíos, 13 fragatas, 5 bergantines y 2 balandros, en total 57, casi el doble que los 33 de la Armada combinada. A pesar del error de la combinada -que iba en una sola línea de más de siete millas contra la propuesta de los españoles de ir en dos líneas-, en la batalla del 21 de octubre los hispano-franceses al mando de Gravina, con 12 navíos en vanguardia y tras ellos el cuerpo principal de 14 navíos mandados por Virenef y otros 12 de retaguardia al mando de Dimanuar, llevaban el viento nor-noreste. Los ingleses dirigidos por Nelson y Colinwood con viento de popa a más velocidad y en dos filas formando cuña, obligaron a Virenef, que mandó virar en redondo para regresar a Cádiz, pero ya era tarde.

Sólo doce o catorce navíos de la combinada fueron los que presentaron batalla.

La vanguardia pasó a retaguardia y viceversa. Sólo doce o catorce navíos de la combinada fueron los que presentaron batalla. El historiador inglés Matt Atkin señala que cuando llegó el Victori de Nelson había recibido 130 impactos en sus velas y jarcias, y tras el acercamiento recibió de la combinada 846 proyectiles, Nelson fue herido mortalmente por un infante que le disparó desde el Redutal. Con parte de los franceses huidos el español Santísima Trinidad tuvo que enfrentar a siete navíos, el Príncipe de Asturias, a otros seis el San Juan de Bueno, el Santa Ana a tres y el Bahama a tres. A las dos horas de combate, varios ingleses quedaron hundidos, a las cinco un navío francés se quemó y Gavina ordenó volver a Cádiz.

Para los ingleses ahí se acabó la batalla y volvieron a Gibraltar con muy pocas bajas. Pero Manuel Vicente Ferrer, comandante del monarca, informó que su buque el Fugó y el San Agustín hundieron tres navíos ingleses, al Minotauro inglés lo vieron hundirse, el Prim fue echado a pique por el Argonauta; el Príncipe de Gales fue hundido por el Santísima Trinidad. El Tiger fue hundido en la playa de Santa María; el Royal Savarín con el mismo nombre que el navío de Collingwood se hundió con su tripulación en la costa de Conil…en total nueve navíos ingleses hundidos.

La combinada sufrió el hundimiento de un único barco.

La segunda parte de la batalla fue la lucha con los elementos. La combinada sufrió el hundimiento de un único barco. Durante 10 días la tormenta intensa frente al cabo de Trafalgar. Tras los naufragios, otras bajas inglesas, apresados, el Tona fue quemado, el Colosus y el Minotaurus naufragados en Conil el Neptuno hundido por el Algeciras francés y el Britania echado a pique por el Santísima Trinidad… y ya van trece, más los ocho buques que Goling Hood afirma que quedaron irreparables, inútiles, total 21. De la combinada fueron hundidos quince barcos (siete españoles y ocho franceses) y fueron debidos a los temporales, excepto el de Chile.

Conclusión:

En el libro de Augusto Conte, titulado En los días detrás de Trafalgar, se recoge que el cura Manuel de Cos en una oración fúnebre en la iglesia del Carmen de Cádiz en 1805 dijo:

Ni se ha sabido ahora ni se sabrá jamás posiblemente las pérdidas de los ingleses, por su empeño en ocultarlas, disimularlas y aparentar que la acción del 21 de octubre fue para ellos completamente gloriosa”.

Aunque ya vemos que fue una derrota por lo mucho que perdieron.

Para los ingleses, mentir es una norma protocolaria y elevan sus mentiras a la categoría de dogmas: mintieron cuando inventaron su victoria contra la Armada Invencible; mintieron con la derrota de su contra-armada un año después, y mintieron al tratar de borrar la historia cuando recibieron la humillación que les infligió Blas de Lezo en Cartagena de Indias. ¿Iba a ser diferente en Trafalgar?

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