La noche que nos reúne
La noche del 5 al 6 de enero tiene un pulso propio. Es una vigilia que no entiende de prisas ni de balances, sino de zapatos bien colocados, cartas dobladas con esmero y una esperanza que se cuela por debajo de las puertas. En Salir al Aire deseamos a nuestros lectores felices sueños en esta noche única, la más propicia para volver a creer sin pedir explicaciones.
Que los Reyes Magos, venidos de Oriente con su paso lento y sabio, se porten tan bien con nosotros como nosotros nos hemos portado con los demás. Que recompensen la paciencia, la generosidad callada y los esfuerzos cotidianos que no siempre salen en las fotos, pero sostienen el mundo.
Tradición que nos identifica
La Noche de Reyes forma parte de una tradición hispana que no necesita disfraces importados para brillar. Aquí la magia no corre, camina; no aterriza en una chimenea, llega siguiendo estrellas. Frente a otras costumbres más recientes, los Reyes nos recuerdan que la espera también educa y que el regalo es, antes que objeto, un gesto.
Y aun así, permitámonos una sonrisa para San Nicolás, aquel obispo del siglo IV que, según la tradición neerlandesa, llega en barco desde España cada 5 de diciembre para repartir juguetes en los Países Bajos. Bienvenido sea el viajero ilustre; pero esta noche, en nuestras casas, mandan Melchor, Gaspar y Baltasar.
Un deseo digital y presencial
Que esta madrugada mágica también alcance a Salir al Aire. Que los Reyes premien el empeño de una revista que se esfuerza por salir al aire todos los días del año, con más rigor, más voces y mejores historias en 2026. El periodismo, como la ilusión, se sostiene con constancia y con fe en los lectores.
Porque escribir, leer y compartir es otra manera de dejar agua y turrón sobre la mesa. Una forma adulta de seguir esperando algo bueno al despertar.
Volver a soñar
Antes de dormir, quizá convenga agrandar un poco la puerta de la memoria y dejar pasar al niño que fuimos. Ese al que la poesía le habla sin pedir permiso. Con ese espíritu, damos paso a unos versos de Miguel de Unamuno que nos devuelven a la edad en la que vivir era, sencillamente, soñar:
Agranda la puerta, padre,
porque no puedo pasar;
la hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad;
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar.
Gracias, padre, que ya siento
que se va mi pubertad;
vuelvo a los días rosados
en que hijo no más.
Hijo de mis hijos ahora
y sin masculinidad
siento nacer en mi seno
maternal virginidad.

