Primera edición del Quijote (1605)
Previamente, en septiembre de 1604, el privilegio real concedido a Miguel de Cervantes Saavedra permitió que, una vez compuesto el libro, quedara impreso en diciembre de ese mismo año, apareciendo en el mercado a principios de enero de 1605.
En la portada del Quijote se citan cuatro nombres. En primer lugar, el de Miguel de Cervantes, autor de la obra; en segundo, el del duque de Béjar, a quien Cervantes dedica el libro con la intención de ganarse su favor; a continuación, el nombre del impresor, Juan de la Cuesta; y, por último, Francisco de Robles, librero del Rey nuestro Señor, que en aquella época ejercía las funciones de editor.
Algo presagiaba que ese libro sería especial.
Lo habitual en la España de comienzos del siglo XVII era que de cada obra se imprimieran entre 600 y 800 ejemplares. Sin embargo, en la primera tirada del Quijote, fechada el 16 de enero de 1605, se publicaron más de 1.500 ejemplares. El éxito fue tal que ese mismo año se alcanzó la sexta edición: dos impresas por Juan de la Cuesta en Madrid, dos en Valencia y otras dos en Lisboa, algo absolutamente excepcional para la época.
Conviene recordar que entonces solo sabía leer entre un 10 y un 15 % de la población —además, mucho menor que la actual— y que Cervantes no era un autor ampliamente conocido, pues únicamente había publicado La Galatea, veinte años antes
El éxito traspasó fronteras
Diez años después de su publicación en España, El Quijote ya era conocido en toda Europa. En 1607 se editó en Bruselas y en 1610 en Italia, ambas en castellano. No fue hasta 1612 cuando apareció la primera traducción a otra lengua, concretamente al inglés, en la época de Shakespeare. Dos años más tarde, la novela también se tradujo al francés.
Aunque Cervantes no se hizo rico precisamente.
Los derechos de autor no existían en aquel tiempo. El único pago que recibió Miguel de Cervantes fue de 6.000 maravedís y 25 ejemplares de la obra. Quien sí obtuvo un considerable beneficio económico fue Francisco de Robles, el librero, poseedor del privilegio de publicación durante un período de diez años en los territorios de Castilla, Aragón y Portugal
Censura y control de las imprentas.
Antes de ver la luz, El Quijote tuvo que superar la censura. Todos los libros requerían una aprobación oficial, y los escribanos de Cámara del Consejo Real de Castilla debían certificar que ninguna de sus páginas incurriera en delitos contra el rey, la Iglesia o las buenas costumbres de la época.
Las imprentas eran lugares “extremadamente controlados”, explica Castro, ya que era allí —“y en los bares”, ambos muy abundantes en el madrileño Barrio de las Letras— donde “se cocían las revoluciones”.
Para saber más.
Wikiwand:
- Don Quijote de la Mancha | Anexo: Personajes de Don Quijote de la Mancha | Miguel de Cervantes Saavedra | Novela polifónica | Libro de caballerías | Ruta de don Quijote | Baciyelmo | Premio Internacional Don Quijote | Quixote Box (museo)
Otros:
- La imprenta de donde salió El Quijote (Huffingtonpost).
- Don Quixote (Wikimedia/imágenes)
- Don Quijote de la Mancha (Wikiquote/citas)
- El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Wikisource/textos originales)
- Don Quijote de la Mancha en el cine
Sobre don Quijote en Barcelona:
- Barcelona, en busca de su esencia quijotesca (La Vanguardia)
- Capítulo LXI. De lo que le sucedió a don Quijote en la entrada de Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto (Centro Virtual Cervantes)
- Cervantes y don Quijote en Barcelona (La ruta del castellano)
- Cuando don Quijote llega a Barcelona (El Cultural).
En el siglo XVII, en el solar que hoy ocupa el número 87 de la calle Atocha se erigía la imprenta de Juan de la Cuesta, en la que se imprimieron numerosas obras del Siglo de Oro. Entre ellas, El Quijote, para lo que fueron necesarios dos meses de trabajo de impresión. En la actualidad, el edificio ubicado en el mismo lugar acoge la sede de la Sociedad Cervantina, que esconde una réplica exacta de una de aquellas prensas y ofrece a los visitantes la posibilidad de componer e imprimir a la antigua usanza.
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