Cívico-militar

Salvemos el patrimonio y memoria del Castillo de Montjuïc.

Se han recogido más de 3.700 firmas a través de las actividades presenciales de la asociación Amigos del Castillo de Montjuic. Se necesitan llegar a 5.000 para que las administraciones escuchen. Firma y difunde.

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El problema. ¿Qué está pasando?

El Castillo de Montjuïc, uno de los lugares más simbólicos de Barcelona, está siendo objeto de abandono, expolio y manipulación institucional. Desde 2007, una ley obliga a la creación de un consorcio formado por el Ayuntamiento, la Generalitat y el Ministerio de Defensa para proteger este espacio y garantizar su correcta gestión. Pero ¡nunca se ha constituido. Y mientras tanto, el Ayuntamiento de Barcelona ha eliminado elementos clave de la memoria histórica:

  • En 2017 destruyó el altar conmemorativo del Foso de Santa Elena.
  • En 2023 retiró el Monumento a los Caídos y ocultó una caja hallada debajo, sin explicar su contenido ni exponerlo públicamente.
  • Se ha expulsado al Museo Militar y a la Asociación de Amigos del Castillo, que durante años preservaron la historia y organizaron actividades culturales abiertas a la ciudadanía.

¿Qué pedimos?

  • Constitución inmediata del Consorcio de Montjuïc, tal como establece el BOE n.º 107 del 4 de mayo de 2007 y el BOPB n.º 159 del 4 de julio de 2009.
  • Restitución del altar en el Foso de Santa Elena.
  • Devolución y exhibición pública de la caja hallada bajo el monumento.
  • Respeto y reconocimiento a las víctimas civiles de la Guerra Civil ejecutadas en Montjuïc.

¿Por qué ahora?

Porque ya se han recogido más de 3.700 firmas, y necesitamos llegar a 5.000 para que las administraciones escuchen. Cada firma es un acto de justicia, un paso contra el olvido, un gesto por la dignidad.


Firma ahora

Por la memoria, por la verdad, por quienes no tuvieron voz.


Sobre el Foso de Santa Elena.

Fue lugar de ejecución durante la Guerra Civil. Allí fueron fusilados civiles inocentes, sin juicio ni defensa, por motivos ideológicos o religiosos. Uno de ellos fue Joaquín Tamborero Cebrián, estudiante de 18 años del barrio de Pueblo Seco, ejecutado por orden del entonces consejero de Justicia de la Generalitat, Pedro Bosch Gimpera, quien firmó penas de muerte incluso contra sus propios alumnos.

La carta de Joaquín antes de morir aún conmueve:

Papá, su hijo querido le pide de corazón que cuide mucho a la mamá y a la abuelita, y que no las abandone nunca… Me muero por España. Reciban un millón de besos y abrazos de su hijo querido.”

Este altar no era franquista, ni partidista. Era un símbolo ciudadano, construido en 1940 por suscripción popular para mantener viva la memoria de los fusilados y celebrar una misa anual por la paz. Hoy, todo eso ha sido eliminado.


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