Opinión

Reconocimiento para las víctimas de aquel trágico accidente aéreo del Yak-42 en 2003.

In memorian (V).- En este luctuoso aniversario de lo sucedido en 2003 en el accidente del Yak-42, invito a los lectores a unirse con su reflexión a este humilde homenaje.

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El 26 de mayo de 2003, ahora hace 22 años, 62 militares españoles perdieron la vida en Turquía, al estrellarse el avión en el que regresaban a España, después de haber realizado una misión en Afganistán y en Kirguistán, de varios meses de duración.

La aeronave accidentada, contratada por el Ministerio de Defensa (cuyo titular era el democráticamente elegido diputado del PP, Federico Trillo), un Yákovlev Yak-42, presentaba numerosas anomalías y deficiencias, prolíficamente denunciadas en diversos momentos e instancias por los militares españoles y de otros ejércitos europeos; ya que era más que evidente el pésimo estado de los aviones exsoviéticos que se ofrecían para alquilar en el transporte de tropas a diferentes países.

Un regreso a casa, después de una larga misión, que terminaría en tragedia.

Aún y así, al parecer por motivos presupuestarios, que no contemplaron la prioritaria seguridad de los ocupantes del pasaje a otras consideraciones, fue este avión el escogido desde el Ministerio para realizar el susodicho transporte: un regreso a casa, después de una larga misión, que terminaría en tragedia. 

Posteriormente, se añadiría al fatal suceso una concatenación de errores, negligencias y falta de sensibilidad en la identificación de cadáveres, así como en la repatriación de los mismos. Una injustificable conducta que no hizo más que agravar el dolor y el pesar de los familiares de las víctimas mortales.

Para los 62 militares españoles que perdieron la vida en el accidente del "Yak-42" en 2003 y para sus familias, esa libertad que ahora pretenden relatar desde el Gobierno y que, según proclaman a bombo y platillo, comenzó en el año 1975, nunca existió. El Gobierno miente una vez más, otra vez más. Para los familiares de las víctimas sólo existió el silencio, el dolor, la impotencia, la incomprensión, el olvido, el desconsuelo y, sobre todo, la ausencia para siempre de sus seres queridos, que vieron sesgadas y truncadas sus vidas de forma violenta en tan trágico accidente.

Nuestro deber y obligación moral es recordarlos.

Para las víctimas mortales, sólo existió una muerte injusta, provocada por quienes no antepusieron la seguridad de sus personas a otros condicionantes: pues eran los responsables políticos quienes tenían la obligación y el deber de protegerlas. Nuestro deber y obligación moral es recordarlos:

David Arribas Cristóbal (teniente), Joaquín Álvarez Vega (subteniente), Miguel Ángel Algaba García (sargento 1º), Blas Aguilar Ortega (sargento 1º), Vicente Agulló Canda (cabo 1º), César Barciela González (brigada), Juan Carlos Bohabonay Domínguez (cabo 1º), Juan José Bonel Suárez (brigada), Miguel Ángel Calvo Puentes (soldado), Francisco José Cardona Gil (sargento), Antonio Cebrecos Ruiz (teniente), Francisco Javier Cobas (brigada), Francisco de Alarcón García (sargento 1º), Miguel Ángel Díaz Caballero (brigada), Fernando España Aparisi (cabo 1º), José Antonio Fernández Martínez (comandante), José Israel Ferrer Navarro (cabo), David García Díaz (cabo), Javier García Jimeno (comandante), David Gil Fresnillo (teniente), Javier Gómez de la Mano (cabo), Manuel Gómez Ginerés (capitán), Ignacio González Castilla (capitán), David González Paredes (sargento), Mario González Vicente (teniente), Emilio Gonzalo López (brigada), Santiago Gracia Royo (capitán), Eduardo Hernández Mañez (sargento), Francisco Javier Hernández Sánchez (sargento 1º), Juan Carlos Jiménez Sánchez (brigada), Godofredo López Cristóbal (subteniente), Juan Ignacio López de Borbón (capitán), Sergio López Saz (sargento 1º), Ismael Hipólito Lor Vicente (sargento 1º), Iñigo Maldonado Franco (sargento 1º), Sergio Maldonado Franco (teniente), Juan Ramón Maneiro Cruz (sargento), Rafael Martínez Mico (sargento 1º), José Luis Moreno Murcia (sargento 1º), Francisco Moro Aller (brigada), José María Muñoz Damián (capitán), Alberto Antonio Mustienes Luesma (sargento 1º), Juan Jesús Nieto Mesa (sargento), Antonio Novo Ferreiro (comandante), José Gabino Nve Hernández (sargento), Carlos Oriz García (soldado), José Ignacio Pacho González (brigada), David Paños Saa (alférez), José María Pazos Vidal (brigada), Felipe Antonio Perla Muedra (comandante), Jesús Mariano Piñán del Blanco (capitán), José Manuel Ripollés Barros (comandante), Iván Jesús Rivas Rodríguez (cabo 1º), Eduardo Rodríguez Alonso (brigada), Pedro Rodríguez Álvarez (brigada), Miguel Sánchez Alcázar (sargento), José Manuel Sencianes López (sargento 1º), José Ramón Solar Ferro (teniente coronel), Juan Antonio Tornero Rodenas (sargento 1º), Feliciano Vegas Javier (cabo 1º), José Ignacio Viciosa García (cabo 1º), Edgar Vilardell Iniesta (soldado).

Estos fueron los 62 militares españoles a los que el Gobierno de turno puso en peligro su vida sin necesidad de hacerlo y no fue capaz de protegerlos, en el transcurso de aquel vigésimo octavo año de esta supuesta e idealizada «España en Libertad -50 años-», que quieren ahora ˈvendernosˈ desde el actual Gobierno de España. No nos dejemos engañar y, sobre todo: ¡No los olvidemos!


Un sesgado discurso político adaptado a su beneficio y provecho. No lo permitamos.

En este quinto tributo, cuando acaban de cumplirse 22 años de dicha desdichada tragedia, quiero recordar a estas 62 víctimas: a todas y a cada una de ellas. Exhortando con ello a la sociedad española a que no permita lo que desde el poder se persigue, que es el anestesiar y desactivar a nuestro pueblo con la difusión de unos relatos falsos de su historia: unos relatos hechos a medida de intereses espurios y partidistas, en la pretensión de que quede en el olvido todo aquello que no interesa políticamente que se recuerde; para poder construir así un sesgado discurso político adaptado a su beneficio y provecho. No lo permitamos.

Mantengámonos siempre unidos y en alerta ante la demagogia con la que intentan manipularnos y engañarnos. Con espíritu crítico y con amplitud de miras, reivindiquemos la memoria colectiva de nuestro pueblo: esa que nos garantiza la libertad de pensamiento y de opinión en un estado de derecho.

En este luctuoso aniversario de lo sucedido en 2003 en el accidente del Yak-42, os invito a que uniros en este humilde homenaje, en reconocimiento y recuerdo para todas las víctimas mortales de aquel fatal y trágico accidente aéreo.


A los que dieron su vida por España

Lo demandó el honor y obedecieron,
los requirió el deber y lo acataron;
con su sangre la empresa rubricaron,
con su esfuerzo la Patria engrandecieron.
Fueron grandes y fuertes, porque fueron
fieles al juramento que empeñaron.
Por eso, como valientes lucharon,
y como héroes murieron.
Por la Patria morir fue su destino,
querer a España, su pasión eterna,
servir en los Ejércitos, su vocación y sino.
No quisieron servir a otra Bandera,
no quisieron andar otro camino,
no supieron vivir de otra manera
.

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