Opinión

In memoriam Zaragoza: la libertad negada a las víctimas de ETA

Recordar a las víctimas del terrorismo es un deber moral y democrático. A 38 años del atentado de ETA contra la casa-cuartel de Zaragoza, este artículo reivindica la verdad histórica frente al olvido y la manipulación del pasado reciente.
2026-01-07-Lanau-1w

Recordar para hacer justicia

Es conveniente y necesario recordar; en cierta manera, es imprescindible hacerlo, en aras de hacer justicia, reconociendo la verdad de los hechos históricos acontecidos en nuestro país y no permitiendo que se olvide o se tergiverse lo ocurrido en el pasado. Desde estas líneas conviene invocar que, en aquella España posterior al fallecimiento de Francisco Franco (20 de noviembre de 1975) y durante muchos años más —hasta 2010—, en esa democracia que la clase política pretende ahora presentar como perfecta y liberadora (en contraposición con el régimen político anterior), se cometieron multitud de delitos contra la libertad, la integridad y la vida de muchísimas personas.

Con especial mención a los numerosos asesinatos, atentados, secuestros, extorsiones, coacciones y acciones violentas que hay que atribuir al desempeño criminal de la banda terrorista ETA durante aquellos años.

Las cifras de una violencia silenciada

Nada más y nada menos que 826 personas fueron asesinadas por ETA entre los años 1975 y 2010, en esa denominada «España en Libertad –50 años–». Una “España en Libertad” tan poco idílica y modélica como pretende hacer creer el actual Gobierno de España mediante la infame propaganda demagógica elaborada desde Moncloa en relación con la celebración de los actos bajo dicho lema.

A las víctimas de la lacra terrorista de nada les sirvió vivir en esa supuesta «España en Libertad –50 años–» de la que tanto presumen Sánchez y sus socios; porque una parte de ese mensaje demagógico, lanzado desde el Gobierno a la sociedad a lo largo de 2025 mediante una campaña propagandística dirigida a manipular el relato de lo ocurrido en nuestro país desde el fallecimiento de Franco, es sesgado, maniqueo y, en bastantes ocasiones, falso.

Una libertad que nunca existió

A quienes afectó en primera persona, o en sus entornos más cercanos, la violencia etarra y la de sus cómplices —que fueron numerosísimas personas—, nada en absoluto les hizo sentir que estuviesen viviendo en libertad en aquellos años dramáticos; fue, precisamente, todo lo contrario.

Para todas ellas, esta «España en Libertad –50 años–», impulsada por el Gobierno de Sánchez durante 2025, supone una falta de respeto y un absoluto fraude. A saber…

El atentado de Zaragoza

El pasado 11 de diciembre de 2025 se cumplieron 38 años del despreciable, vil y criminal atentado que la banda terrorista ETA perpetró contra la casa-cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza.

Sobre las seis de la mañana de aquel viernes 11 de diciembre de 1987 —doce años después de la muerte de Franco, nueve años después de la aprobación en referéndum de la Constitución española y gobernando por segunda legislatura consecutiva el PSOE de Felipe González, con Alfonso Guerra como vicepresidente—, varios miembros de ETA colocaron un coche bomba, cargado con 250 kilos de amonal, delante de una de las paredes exteriores del edificio de la casa-cuartel de la Benemérita en Zaragoza, donde se alojaban las familias de los guardias civiles destinados en esa comandancia.

Devastación y dolor

La violenta explosión derrumbó parte del edificio y acabó con la vida de once personas que allí residían, entre ellas seis menores de edad, e hirió a otras 73 personas, varias de ellas de extrema gravedad.

Las imágenes de aquella infame carnicería que llegaron a la opinión pública en las horas y días posteriores fueron realmente estremecedoras y dantescas. Hablaban por sí solas y solo podían transmitir una mínima parte de la angustia, la indignación y la desolación que la matanza produjo, así como la magnitud de la devastación causada.

La mentira institucional

Para las once personas a las que se les arrebató la vida y para las 73 que resultaron heridas, así como para sus familiares y allegados, esa supuesta libertad que se ha pretendido conmemorar desde el Gobierno y que, según proclaman, comenzó en 1975 tras la muerte de Franco, nunca existió. El Gobierno miente, una vez más.

Para los familiares de las víctimas mortales de la casa-cuartel de Zaragoza solo existieron el desgarro, el dolor, la impotencia, la incomprensión, el olvido, el desconsuelo y, sobre todo, la ausencia definitiva de sus seres queridos, cuyas vidas fueron truncadas de forma tan injusta como violenta.

La dignidad de las víctimas

Para las víctimas mortales solo existió una muerte injustificable e inaceptable, provocada por quienes nunca aceptaron vivir en libertad, anteponiendo su fanática y criminal concepción del totalitarismo político, negando el respeto debido a la condición humana y generando dolor a quienes no se doblegaban a sus designios.

Nuestro deber y obligación moral, hoy, ahora y siempre, es recordar a todas las víctimas que perdieron la vida en aquella luctuosa fecha, en un homenaje que hacemos extensivo a todas las víctimas de la barbarie terrorista de ETA.

Nombres para la memoria

Estos son los nombres y la edad que tenían cuando fueron asesinadas:

José Julián Pino Arriero (39 años); María del Carmen Fernández Muñoz (38 años); Silvia Pino Fernández (7 años); José Ballarín Cazaña (31 años); Silvia Ballarín Gay (6 años); Emilio Capilla Tocado (39 años); María Dolores Franco Muñoz (36 años); Rocío Capilla Franco (14 años); Pedro Ángel Alcaraz Martos (17 años); Miriam Barrera Alcaraz (3 años); Esther Barrera Alcaraz (3 años).

Un tributo necesario

Sirva este décimo tributo, ya concluido el año 2025, como epílogo de una historia verdadera, silenciada por nuestros actuales gobernantes y sus socios: la historia de las víctimas del fanatismo criminal de ETA. Una historia que cobra especial relevancia en el contexto del fracaso de los fastos organizados por el Gobierno de Sánchez bajo el lema «España en Libertad –50 años–».

Pero no nos engañemos: una parte importante de los objetivos que pretendió alcanzar ETA con su comportamiento asesino, violento y coercitivo, apoyada activamente por sus entornos más radicales a lo largo de más de cuarenta años de actividad delictiva —desde su primer asesinato, el 7 de junio de 1968, hasta el último, el 16 de marzo de 2010—, continúa viva.

El legado que persiste

Hoy esos objetivos se articulan a través de sus legatarios políticos, integrados en la organización Bildu, que forman parte de los apoyos aceptados por el Gobierno de Pedro Sánchez para mantenerse en la Presidencia del Gobierno.

El legado de los verdugos sigue, por tanto, vigente, mientras sus víctimas corren el serio riesgo de ser olvidadas por una parte significativa de la clase política y de la sociedad española, contribuyendo así a la desaparición de la memoria colectiva de todo aquello que incomoda en la construcción de un relato sesgado y sectario de lo ocurrido.

Una indecencia más

Se intenta, de este modo, legitimar pactos y arreglos políticos incluso con quienes se niegan a pedir perdón por el daño causado, no colaboran con la justicia para esclarecer más de 250 asesinatos pendientes de autoría y no se arrepienten del inmenso dolor infligido.

O, lo que es lo mismo, se pacta sin rubor ni escrúpulo alguno con quienes representan a una parte de aquellos que tienen las manos manchadas de sangre: otra absoluta indecencia más que anotar en el debe de quienes hoy nos gobiernan.

Homenaje final

En este aniversario luctuoso de lo sucedido en Zaragoza aquel 11 de diciembre de 1987, os invito a unirse a este humilde y sentido homenaje.

Comentarios