Opinión

Podemos identificar dos objetivos detrás de lo que ocurre en Torre Pacheco.

Las religiones y culturas no conviven bien dentro de Europa. Cuando un inmigrante llega a un país, es el inmigrante quien debe adaptarse al país, a su gente, su cultura y su modo de vida. No es el país quien debe fragmentarse en 200 identidades distintas para contentar a una minoría.


Artículo firmado por Héctor  @ElHiloRojoTV, obtenido de su red social.

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Objetivo 1.

Controlar el llamado “discurso de odio” en las redes sociales, para que el Estado tome el control total de las mismas y pueda eliminar al disidente sin obstáculos. De hecho, parece evidente que el Estado español está dejando que la tensión escale deliberadamente, empujando a los vecinos y a quienes se manifiestan al límite, hasta que alguien no aguante más y cometa un acto impulsivo. Así podrán justificar los mecanismos de represión y censura previstos en este primer objetivo.

Además, están utilizando determinadas cuentas en redes sociales para dar las “pistas” sobre dónde, cómo y cuándo se organizarán los vecinos. De este modo, estas cuentas actúan como un sistema de control encubierto: atraen a los manifestantes hacia movimientos dirigidos desde las redes, como si fueran parte de un pastoreo, siendo el creador de contenido el verdadero pastor que los guía… y vigila.

Objetivo 2.

Marcarnos como si fuéramos ganado, listo para que nos extraigan lo que les interesa: nuestros impuestos. Este objetivo está claramente ligado a la implantación de la identidad digital, que permitirá un control absoluto sobre nuestras finanzas, movimientos y decisiones, reduciéndonos a simples números en un rebaño perfectamente vigilado.

No hay partidos, no hay colores, no hay siglas. Solo existe una lucha por lo nuestro y por nuestra libertad. Es así de sencillo. No hay salvadores por casualidad, y menos en los tiempos que corren. Son figuras creadas por un sistema totalmente podrido, diseñado para mantener a la sociedad angustiada mientras solo aspira a vivir bien.

Y si hay que decirlo claro, se dice: las religiones y culturas no conviven bien dentro de Europa. Cuando un inmigrante llega a un país, es el inmigrante quien debe adaptarse al país, a su gente, su cultura y su modo de vida. No es el país quien debe fragmentarse en 200 identidades distintas para contentar a una minoría.

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