Opinión

La mayor gesta del Imperio español: La recuperación de Bahía de Todos los Santos.

Esta fue la mayor gesta naval de nuestra Historia. Una proeza de la Monarquía Hispánica. Un mensaje claro al mundo, España no había dicho su última palabra

Entrega XXV de la serie Hispanidad y leyenda negra. Artículos anteriores.

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La mayor gesta del Imperio español

Recuerdo de memoria la batalla más increíble llevada a cabo por la conjunción llamada la Liga Santa (1571), formada por España, Roma y Venecia contra el dominio que venía ejerciendo los otomanos en el Mediterráneo durante siglos. Eran piratas que vivían apresando a todos los pescadores y convirtiéndolos en esclavos galeotes, o bien cobrando altos rescates de los secuestrados.

Me refiero a la batalla de Lepanto (golfo de Grecia), en la que participaron más de 600 barcos y 175.000 hombres; fue liderada la flota cristiana por don Juan de Austria, hermano de Felipe II y resultó una victoria cristiana aplastante, que pacificó el Mediterráneo por mucho tiempo. En ella participó Cervantes, que fue herido de tres disparos de arcabuz, uno de los cuales le inutilizó la mano izquierda, y a la que definió como «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros».

Pues no sé si se puede comparar en número, la gesta que traemos hoy, pero sí que merece el título que encabeza este artículo. Lo más impactante de esta gesta es que ha permanecido oculta y callada por los enemigos de reconocer -a nivel mundial- la gesta incomparable que llevó a cabo la España Imperial.

Hubo un año en el que el mundo entero contuvo el aliento. El Imperio español, acosado por todos los frentes, se levantó como un coloso y demostró al mundo por qué era la mayor potencia de la historia Ese año fue 1625, el anus mirabilis, el año maravilloso: la defensa y recuperación de Génova, el sitio de Breda, la recuperación de San Juan de Puerto Rico, o la defensa de Cádiz contra los ingleses, son algunos de los éxitos de aquel año.

Pero de todas las gestas, hubo una que eclipsó a las demás: la reconquista de Salvador de Bahía. En 1624... ¿sabías que Brasil estuvo a punto de hablar holandés?

Los holandeses, desplegando su incipiente poder colonizador, por sorpresa, envalentonados, con una flota armada hasta los dientes, se apoderaron de la capital de Brasil; de pronto, estaba en poder de los Países Bajos, poniendo en jaque la unión entre España y Portugal, y amenazando todo el equilibrio del poder en América (entre 1580 y 1640 Portugal y España estuvieron unidas bajo el mandato de Felipe II y sus descendientes, una de las causas había sido el matrimonio de Carlos I con su prima Isabel de Portugal en 1526).

Pero francamente no sospechaban lo que se les vendría encima, porque la Monarquía Hispánica, esa que algunos pintan como decadente y moribunda, respondió como un león herido, dejando claro que quien se mete con uno se mete con los dos, y Portugal estaba integrado con España.

Esta es una de las reconquistas más espectaculares del siglo XVII que muy poca gente conoce. Un solo rey, dos imperios y medio mundo bajo sus pies. Salvador de Bahía, la capital de Brasil era uno de los principales puertos del Atlántico y nudo del comercio colonial, de allí salían: azúcar, maderas preciosas y otros recursos, rumbo a Europa.

Los neerlandeses, recién independizados de España, crearon la Compañía de las Indias Occidentales con el objetivo de arrebatar sus colonias a los ibéricos (ya dedicaremos otro día a las luchas con los holandeses, que nos odian porque siendo parte de la Corona española se independizaron dirigidos por el rebelde y codicioso Guillermo de Orange, a partir de 1610 y hasta 1648, al establecerse el protestantismo, y para lograrlo utilizaron el odio a los católicos y el bulo de la España opresora).

Así que los neerlandeses habían lanzado un dardo al corazón portugués, la operación fue rápida y quirúrgica, en mayo de 1624 el gobernador portugués Diego de Mendón fue capturado. La ciudad cayó sin apenas disparos. Pero eso iba a durar poco, se habían metido en un avispero, aunque la ciudad estaba ocupada, la resistencia no había terminado; en los alrededores, en la zona de Río Vermello, los portugueses que lograron escapar, empezaron a organizarse, campesinos, soldados y hasta clérigos se armaron para resistir. En la península la noticia cayó como una bomba y comprendieron que esto no era un simple asalto colonial, sino un desafío al Imperio.

Pues un año más tarde, desde Madrid Felipe IV autorizó una operación a gran escala para recuperar Bahía, y al frente de la operación pusieron a un hombre que no se andaba con tonterías: Fadrique Álvarez de Toledo Osorio, Capitán General del Mar Océano, veterano y acostumbrado a conseguir lo que se proponía. La operación recibió un nombre simple, pero contundente: La Jornada del Brasil.

Un ejército hispano-portugués, con apoyo papal, compuesto por una flota de 52 navíos y 12.500 hombres, Tercios españoles, tropas portuguesas, marineros curtidos, una flota de película que, tras meses de preparación cruzó el Atlántico y llego a Salvador en abril de 1625 donde encontraros una ciudad bien fortificada con los holandeses dispuestos a resistir, pero no contaban con lo que estaba por venir.

Pero reflexionemos sobre la aventura que significaba cruzar el Atlántico en el s. XVII, sin motores, sin GPS, sin conservas ni agua embotellada… Cada barco una bomba de relojería flotante, enfermedades, tormentas, motines, falta de víveres, cualquier error podía producir un desastre y aun así lograron coordinar una flota gigantesca unida, durante semanas de navegación y llegar con la moral alta, las armas listas, dispuestos a vencer o morir. Eso ya es una victoria.

Comenzó un asedio de un mes con bombardeos constantes, cortes de suministros, desembarcos desde varios frentes, cada día que pasaba los holandeses perdían moral, hombres y esperanza. El asedio no fue un simple “rodeamos y esperamos”, fue un combate diario, constante, en el que la superioridad numérica hispano-portuguesa se encontró con una defensa terca y bien organizada.

Los desembarcos en distintos puntos cortaban cualquier vía de escape. En tierra, los Tercios avanzaban con artillería, mientras los barcos bombardeaban la ciudad desde la bahía, que temblaba cada noche bajo el estruendo de los cañones. Un dato curioso es que los asediados intentaron pedir ayuda a las tribus indígenas aliadas y corsarios franceses, pero no llegaron a tiempo. La ciudad estaba rodeada, aislada y cada día más cerca de la rendición

Finalmente, el 1 de mayo de 1625, los neerlandeses se rindieron. Bahía era otra vez ibérica y Fadrique acababa de firmar una de las victorias más brillantes del siglo. Esta victoria fue un golpe a la expansión colonial holandesa que estaba creciendo a pasos agigantados, pero con esto perdieron su posibilidad en América. Una hazaña logística, táctica y humana sin precedentes la don Fabrique Álvarez de Toledo que se había propuesto esta misión: “recuperar la plaza o morir en el intento”, lo consiguió.

En 1625 España no sólo recuperó Salvador de Bahía, recuperó su crédito, su orgullo y su lugar en la historia. El Imperio todavía podía actuar con rapidez, fuerza y coordinación, y se demostró que, pese a las crisis internas y la presión exterior, la Monarquía Hispánica seguía siendo una potencia global con recursos en tres continentes y organizar flotas colosales, y recuperar territorios a miles de kilómetros de casa.

Durante siglos el verdadero relato fue ocultado por la propaganda. Un cuadro, encargado por la corte, mostraba al conde-duque de Olivares como héroe, relegando a la sombra a los verdaderos protagonistas. La gesta no se enseña en los colegios, ni aparece en los documentales, siempre la imposición de la leyenda negra. La historia rompe ese mito, aquí el Imperio actúa, responde y gana.

La importancia del momento quedó plasmada incluso en el arte, el pintor de cámara de Felipe IV, Juan Bautista Maíno, inmortalizó la victoria en un cuadro espectacular La recuperación de Bahía de Todos los Santos, que hoy se puede ver en el Museo del Prado. El esfuerzo titánico, el dolor de los hombres, la estrategia militar, todo escondido hasta ahora.

Esta pintura del s. XVII ha emergido del olvido. Un lienzo monumental que muestra con crudeza y detalle la verdadera empresa de Bahía. Una obra cartográfica, táctica, cruda, auténtica; y gracias a la exposición del Museo Naval de Madrid y al trabajo del historiador David García Hernán, España recupera al fin el relato perdido. Esta fue la mayor gesta naval de nuestra Historia. Una proeza de la Monarquía Hispánica. Un mensaje claro al mundo, España no había dicho su última palabra.

El relato es de los portales de Hispaniae y Memoria de un Imperio.

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