¿Cuándo se descubre realmente qué es España?
Nadie sabe lo que es España hasta que sale de ella.
Primero, porque salir implica desplazarse geográficamente. Pero no sólo es un desplazamiento territorial, también lo es cultural. El idioma, la arquitectura, la comida o el conjunto de todo lo anterior —la cultura— cambia. Y, junto con ella, la gente: la personalidad colectiva, su modo de ser,...
Patria frente a Estado y nación
Y no es sorprendente, porque son estas tres cosas —territorio, cultura y su gente— lo que caracteriza a una patria. Y lo son, porque cuando uno cambia de patria, nota que cambian precisamente estos tres pilares. Nótese que hablo de patria y no de cualquier otro término —Estado, nación…—. Porque mientras los dos últimos se rigen en términos jurídicos —Constitución, leyes, pactos— que inevitablemente se hacen y se deshacen, la Patria es un concepto espiritual que trasciende lo jurídico y permanece con el paso del tiempo.
Y más allá de las características, la Patria se puede definir como los muertos. Primero, porque están enterrados bajo una tierra —territorio—, y segundo porque nos recuerdan que nosotros somos los herederos de quienes nos precedieron, y los que inevitablemente trasladaremos nuestra herencia a los siguientes. Implica, por tanto, un proceso dinámico en el que, paradójicamente, algo permanece. Ese algo es el espíritu.
El espíritu español: solidaridad y humildad
El espíritu español es el de solidaridad. Fuimos el país que, cuando hubo una epidemia de viruela, mandó a vacunar a todos los hombres, sin importar su etnia, sexo o riqueza. En la llamada Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, financiada por el rey Carlos IV y liderada por Javier Balmis e Isabel Zendal —que hoy lleva el nombre de un hospital madrileño—. Este espíritu lo hemos heredado, siendo España el país con más trasplantes de órganos de todo el planeta.
El espíritu español es la humildad. Fuimos el país que inventó los derechos humanos. Porque, para el español que llegó a América, todos los seres humanos eran igual de dignos. Es decir, España inventó el principio de la dignidad humana, del cual —junto con el principio del libre desarrollo de la personalidad— emanan todos los derechos humanos. Porque, para España, cualquier ser humano, por el hecho de ser un ser humano, tiene dignidad. Y no sólo lo pensaban, sino que lo materializaron en las Leyes de Burgos.
El patriotismo como unión espiritual
El patriotismo, entendido como la defensa de la Patria, es, por tanto, la defensa de este espíritu. Por eso decía que la Patria no es algo jurídico sino espiritual. Y que implica necesariamente la unión de todos sus habitantes. El patriotismo no puede ser algo excluyente. No existen los «españoles de bien» y los «españoles de mal». Pero, si algo hemos heredado y si algo nos caracteriza como españoles es nuestra división.
No de ahora —ya Francisco Goya lo retrataba en su cuadro Duelo a garrotazos donde dos españoles se dan garrotazos entre sí, mientras ambos se van hundiendo en el barro.
Esta división ha sido explotada para maquillar y esconder los problemas reales de nuestra sociedad. Los casos de corrupción se acumulan, y no son casos: son millones de euros de nuestro trabajo, malversados para fines privados. Por otra parte, el precio de la vivienda aumenta a la misma velocidad. Y, si no hay vivienda en posesión, ¿cómo puede haber familias? Y, si no hay familias, ¿cómo puede prosperar un país?
El problema de autoestima nacional
La falta de patriotismo y la pérdida de autoestima colectiva por España es el principal problema de nuestro país. Al final, nuestra historia —como dice Julián Marías— nos la han contado extranjeros. Y lo que cuentan actualmente se resume en que España no ha hecho nada importante, y los episodios en los que lo ha hecho, ha cometido “torturas y barbaridades”.
Si todo lo importante que ha sucedido lo ha hecho mal, ¿para qué esforzarse en hacer cosas importantes? Y, a partir de este trauma inconsciente, llega la mentalidad de pasar por la vida sin pena ni gloria.
La solución: más patriotismo. Más España. En el libro Why Nations Fail (Por qué fracasan los países) presentan la tesis de que lo que hace rica a una nación no es ni el petróleo ni los minerales, sino tener unas instituciones inclusivas. Es decir, instituciones que permitan la generación de riqueza. Si bien es cierto, el impulso que crean estas instituciones viene del patriotismo, así como su mantenimiento.
El patriotismo supone ese “por qué” que necesita una sociedad para crecer. El ser conscientes de que somos irrelevantes, y que, en cuanto nos muramos, seremos recordados durante poco tiempo. El de pertenecer a algo más que nuestro beneficio personal. El de cuidar al resto de compatriotas.
El papel de la generación Z
Hoy, mi generación —la Zeta— y las que vienen después son la esperanza para retomar este patriotismo. Y, personalmente, veo una generación donde lo de ser español está de moda. Pero debemos tener cuidado. El patriotismo no puede servir para promocionar ninguna ideología política. El patriotismo es sólo una idea. La de pertenecer a un territorio con una gente, una cultura; unidos bajo un mismo espíritu. Representado bajo una bandera. Pero lo importante no es la bandera.
No miremos al dedo, cuando lo que señalamos es la luna. Lo importante es el espíritu que nos llevó a ser la mejor nación del mundo, y al que debemos aspirar a volver.