Fiesta infantil

El castillo de Montjuïc se llenó de risas, uniformes y solidaridad

El castillo volvió a demostrar este sábado que puede ser mucho más que un símbolo histórico. Desde las diez de la mañana, centenares de familias llenaron el foso trasero del recinto para participar en la gran fiesta infantil Convivir es fácil. Un día diferente, una jornada organizada por la asociación de Amigos del Castillo de Montjuïc y el Ministerio de Defensa: Ver la convocatoria de la actividad.
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El aire fresco de la mañana se mezcló con el bullicio de los niños corriendo entre banderas, vehículos militares y puestos de actividades. Padres, voluntarios y miembros de las fuerzas armadas, de seguridad del Estado y de emergencias compartieron el mismo objetivo: aprender, jugar y, sobre todo, convivir.


Juegos, aprendizaje y valores

Los jardines y baluartes se transformaron en un auténtico espacio de aprendizaje activo, donde los pequeños pudieron probar simuladores de vuelo, subirse a vehículos operativos y conocer de cerca a los profesionales que velan cada día por la seguridad y el bienestar de todos.

Las Fuerzas Armadas tuvieron un papel protagonista con la participación de las tres ramas —Tierra, Mar y Aire— que ofrecieron una pista de aplicación, un simulador de gafas virtuales, la cabina de un F-18 y una exposición de vehículos, entre ellos los de la Unidad Militar de Emergencias (UME), siempre de gran atractivo para los más pequeños.

Por parte de la Guardia Civil, el público pudo descubrir el trabajo del Equipo Pegaso (con sus drones), del SEPRONA (Protección de la Naturaleza), del GEAS (actividades subacuáticas) y del GRS (Reserva y Seguridad), además de observar de cerca varios vehículos de servicio.

La Policía Nacional desplegó su unidad canina —protagonista de una de las exhibiciones más aplaudidas— y varios vehículos patrulla; mientras que los Mossos d’Esquadra presentaron su unidad TEDAX de explosivos, su servicio histórico, la unidad canina, así como motos y coches policiales que despertaron gran curiosidad entre los niños.

La Guardia Urbana también se hizo notar con su sección montada y canina, además de un circuito de bicicletas que puso a prueba la habilidad y el equilibrio de los pequeños ciclistas.

Y junto a ellos, Protección Civil ofreció una chocolatada solidaria, una exposición informativa y de vehículos, y la Cruz Roja presentó su Centro Móvil de Operaciones (CMO), con demostraciones y vehículos de asistencia, completando así una muestra variada y participativa de todos los cuerpos que trabajan al servicio de la ciudadanía.


Un desfile de héroes... y de galaxias

A media mañana, el desfile de la Legión 501, con sus inconfundibles trajes de Star Wars, provocó una ola de entusiasmo. Los más pequeños no sabían si posar con Darth Vader o con el soldado de asalto que ofrecía sonrisas y abrazos.

Poco después, una chocolatada solidaria devolvía energías a las familias, mientras los talleres de manualidades, los juegos educativos y los circuitos de bicicletas seguían atrayendo a los participantes.


La OJE y su rincón de aventura

Entre los espacios más concurridos estuvo el de la Organización Juvenil Española (OJE), cuyos jóvenes monitores levantaron un área infantil llena de movimiento y risas. Allí, los niños pudieron probar su puntería en el tiro con arco, cruzar una pasarela de cinta tensa y terminar la experiencia con una gincana que combinaba destreza, trabajo en equipo y diversión.

Su propuesta, sencilla pero muy participativa, fue una de las más celebradas del día, recordando el valor del juego como herramienta de aprendizaje y cooperación.


Solidaridad que trasciende las murallas

Más allá de la diversión, la jornada tuvo un fondo profundamente humano. El evento se dedicó especialmente a niños y niñas en tratamiento oncológico de los hospitales Sant Joan de Déu y Vall d’Hebron, así como a menores en riesgo de exclusión social.

Las familias participantes lo sabían: cada sonrisa y cada participación ayudaban a visibilizar la inclusión, la empatía y la esperanza. En muchos rostros se leía la emoción de compartir un día donde la alegría era el mejor mensaje.


Un cierre luminoso

Hacia las tres de la tarde, el Castillo volvió a la calma. En el aire quedaban el eco de las risas, los motores apagados de los vehículos y los saludos entre uniformes y mochilas infantiles.

La jornada se despidió con el compromiso de repetir. Ha sido precioso ver a los niños disfrutar y perder el miedo a lo desconocido, comentó uno de los voluntarios al cerrar el recinto. Y así, Montjuïc volvió a demostrar que convivir, cuando se hace desde la ilusión, es tan fácil como jugar juntos.



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