No, señoría, no. Usted no paga el paseo de una cabra

En esta carta abierta a Gabriel Rufián, Ignacio Pozo recuerda al político que él, como representante, no está para “pagar el paseo de una cabra”: debe honrar y respetar a quienes, sin ideas partidistas ni focos, arriesgan su vida en emergencias, catástrofes y rescates, con sacrificio y entrega.


Artículo firmado por Ignacio Pozo, obtenido de su red social: @ignaciopozo

Carta abierta a Gabriel Rufián:

No, señoría, no. Usted no paga el paseo de una cabra. Ni la corneta, ni el paso marcial, ni la bandera que ondea. No.

Usted, y discúlpeme que se lo recuerde, paga a todos esos hombres y mujeres que en la DANA se metieron hasta las rodillas en el barro para sacar heridos, ancianos y muertos de entre el lodo.

Paga a los que, cuando los montes de España ardían, se dejaron las uñas entre las cenizas, respirando humo, sin cámaras ni discursos.

Usted paga a los que rescatan vidas en el mar mientras usted se hace fotos con los que dicen defender la “paz”. A esos soldados, marinos, sanitarios, guardias civiles y bomberos que no distinguen colores ni ideologías cuando alguien pide auxilio.

Usted paga también, no lo olvide, a los que durante la pandemia recorrían hospitales y residencias recogiendo muertos, consolando a los que morían solos, y ayudando a quienes ustedes, los políticos, abandonaron entre decretos y ruedas de prensa.

Y usted paga, señor Rufián —aunque le duela admitirlo—, a los que un día, si la vida decide darle un revés, podrían ser quienes le saquen a usted o a su familia de entre los escombros, del fuego o del agua. Porque la vida es caprichosa, señoría, y suele poner a cada cual frente al espejo que más teme.

Así que, este 12 de octubre, cuando vea pasar a esa cabra, a esos hombres de uniforme, a esa bandera que tanto le incomoda —cuádrese, señor Rufián—, no por servilismo, sino por respeto.

Respeto a los que se lo han ganado con sangre, sudor y silencio. Porque esa cabra, señoría, representa mucho más de lo que usted puede comprender: representa el sacrificio, la entrega, la lealtad y el amor por una tierra que, aunque usted reniegue, también es la suya.

Si aún le queda un poco de dignidad, míreles pasar y guarde silencio.