Cataluña en vía muerta: seguridad, mantenimiento y responsabilidad

Dos accidentes con víctimas y una cadena de incidencias han vuelto a poner el foco en el ferrocarril. No es tiempo de propaganda, sino de rigor, inversión y acuerdos que garanticen un servicio seguro y digno.

La situación ferroviaria en Cataluña atraviesa días difíciles, marcados por incidencias reiteradas, interrupciones totales del servicio y una recuperación paulatina sin garantías horarias. A ello se suma el impacto emocional de los dos accidentes recientes con fallecidos, tanto en la línea de alta velocidad en Andalucía como en cercanías en Barcelona. Hechos que obligan, una vez más, a detenernos y reflexionar con firmeza.

Porque cuando el tren falla, no solo se alteran horarios: se resquebraja la confianza de miles de ciudadanos que dependen cada día de un servicio esencial. Y cuando hay víctimas, el debate deja de ser técnico para convertirse en moral. La seguridad no puede depender, como ya se dijo en estas páginas, de la providencia o del azar.

Infraestructura y prevención: la tarea silenciosa

Las organizaciones ferroviarias y los sindicatos llevan tiempo denunciando carencias graves en el mantenimiento de infraestructuras. Señales obsoletas, falta de inversión sostenida, retrasos en la renovación de equipos y una gestión que, demasiadas veces, parece centrada en apagar incendios en lugar de prevenirlos.

Mantener no es lucir. Gestionar no es inaugurar. Y, sin embargo, la política suele preferir el anuncio de nuevos servicios o proyectos que generan titulares y rédito electoral. Cortar una cinta da votos; revisar una vía, no. Pero es esa tarea silenciosa, constante y responsable la que sostiene la seguridad de todos.

El afán propagandístico frente al deber de cuidar

Vivimos tiempos en los que parece haberse olvidado que “mandar es servir”. Se multiplican promesas de grandes despliegues mientras lo cotidiano —lo que sostiene la vida diaria— se deteriora. La infraestructura ferroviaria no es un escaparate: es un sistema complejo que exige inversión, rigor y continuidad.

No es tiempo de trincheras, sino de tender puentes. La respuesta eficaz de los cuerpos de emergencia en las tragedias recientes demuestra que cuando hay coordinación, se salvan vidas. Ese mismo espíritu debería guiar la política: colaboración, no competencia; responsabilidad, no instrumentalización del dolor.

Un cambio de agujas: responsabilidad y acuerdos

Por respeto a quienes ya no están, es imprescindible dirimir responsabilidades sin atajos ni silencios. No basta con el duelo ni con palabras solemnes. Hace falta un cambio de agujas: apostar por una gestión pública donde el mérito y la capacidad pesen más que la fidelidad partidista.

Cuando la marcha se desvía, corregir el rumbo no es una opción ideológica, sino una obligación moral. Cataluña —y el conjunto del país— necesitan un ferrocarril seguro, fiable y digno. Menos propaganda, más mantenimiento. Menos titulares, más inversión sostenida. Porque en la vía, como en la vida pública, lo que no se cuida termina descarrilando.