El español, una joya lingüística que debemos defender del anglicismo.
El abuso de anglicismos revela una preocupante dependencia cultural. Gloria Lago y otros defensores del español llaman a preservar la riqueza expresiva y la herencia de nuestra lengua común .
Serie Hispanidad y leyenda negra. Entrega XXXII
Una lengua insuperable
“El español es insuperable”, afirma Gloria Lago. Por ello, el uso desmedido y a menudo absurdo de anglicismos se ha convertido en una señal de servidumbre cultural que debemos revertir en defensa de nuestra hispanidad lingüística. La presidente de la asociación Hablamos Español —profesora y políglota, conocedora de cinco o seis idiomas, entre ellos el inglés— encabeza una nueva crítica a esta invasión lingüística, tolerada tanto por nuestras instituciones académicas, como la RAE y el Instituto Cervantes, como por la pasividad del propio gobierno.
Comparaciones y matices
Lago señala que las cifras de palabras en cada idioma deben interpretarse con cautela. El español cuenta con unas 440.000 voces, que podrían llegar a 700.000 si incluimos el léxico técnico; el inglés, por su parte, alcanza alrededor de un millón al sumar tecnicismos. Sin embargo, la comparación no es directa: la RAE depura su diccionario de términos en desuso y prescinde de localismos y americanismos, mientras que el Oxford Dictionary conserva incluso latinismos, que representan casi un 30 % de su léxico. Así, la aparente superioridad cuantitativa del inglés resulta engañosa.
Más allá de los números, está el uso real: un hablante inglés medio emplea unas 400 palabras cotidianas, mientras que uno español utiliza alrededor de 1.000. El español, además de rico, es una lengua de matices: los modos verbales, el contraste entre ser y estar, la abundancia de proposiciones subordinadas y la flexibilidad del subjuntivo le confieren una capacidad expresiva única, ideal para la literatura, la poesía y la introspección.
El daño del anglicismo
El abuso de terminaciones en “ing” y otros anglicismos técnicos adoptados sin adaptación alguna erosiona la pureza del idioma. Muchos jóvenes los repiten sin reflexión, imitando lo que ven en internet. Pero más grave aún es la actitud de las instituciones, que impulsan programas de enseñanza bilingüe en inglés como si nuestra lengua fuera insuficiente. Estudiar inglés es positivo como asignatura, pero imponerlo como lengua vehicular en la educación supone una claudicación cultural.
El gobierno, además, ha favorecido durante décadas la oficialización de lenguas regionales, una política que debilita el español en el plano internacional. Ejemplo de ello fue la oportunidad perdida en Brasil: mientras se solicitaban miles de profesores de español, la falta de acción española permitió que el inglés ocupase ese espacio, con un impacto económico y cultural considerable.
La supremacía literaria del español
En el terreno literario, nuestra lengua no tiene nada que envidiar a la inglesa. Desde los Siglos de Oro —de 1492 a 1680, con Fray Luis de León, Garcilaso, Góngora, Lope, Quevedo o Calderón— hasta el realismo mágico del siglo XX, el español ha demostrado una profundidad inigualable. Frente al brillo momentáneo del siglo XVIII inglés, nuestra literatura ofrece una continuidad y una universalidad que siguen vivas. Sin embargo, las instituciones educativas y los certámenes literarios suelen dar preferencia a autores en lenguas regionales, en detrimento de los grandes nombres del canon español.
Aquí tienes los dos párrafos revisados, pero ampliados para que aparezcan todos los anglicismos del texto original, cada uno con su traducción al español, tal como hacía el autor.
La televisión y la servidumbre del márquetin
El fenómeno del anglicismo se ha extendido de forma alarmante en los medios. Programas de televisión adoptan nombres en inglés sin necesidad alguna: La Voz Kids (“niños/as”), Floor (“suelo”), donde incluso existía la figura del Randomaster (“el que hace el sorteo”, “aleatorizador”), Dot House (“perro doméstico”), Traitor (“traidor”), First Date (“primera cita”) o Prime Time (“tiempo principal”). Incluso las administraciones se suman: la Comunidad Valenciana lanzó un anuncio turístico íntegramente en inglés protagonizado por una familia británica que elogiaba la región, rematado únicamente por un lema en español: «Es más que un destino, una actitud. Comunidad Valenciana, actitud mediterránea».
La publicidad también abusa de esta tendencia anglicista.
- En el sector del automóvil se multiplican los lemas en inglés: Movement Dance Inspired (“movimiento inspirado en la danza”, Kia) o Experience Amazing (“experiencia increíble”, Lexus).
- También las aseguradoras recurren al inglés, como Línea Directa con su juego de palabras Nevermore (“nunca más” y alusión al “país de nunca jamás”), o compañías renombradas como Star Lite Occident.
- En los productos de consumo la invasión es aún mayor: Freedom (“libertad”), Nivea Men (“Nivea para hombre”), Power Antiedad (“poder antiedad”), The Memory Senior (“la memoria sénior”), perfumes como Eau de Parfum (“agua de perfume”) de diseñadores como Yves Saint Laurent o Giorgio Armani, o incluso artículos cotidianos como las compresas Ausonia Discreet (“discreta”) y los pañales Stop Fugas (“detén fugas”).
- Las ofertas de combustible se anuncian como Low Cost (“bajo coste”), y vender por debajo del precio de coste se denomina ahora Dumping (“venta por debajo del coste”).
- Los comercios presumen de letreros como Market (“mercado”), y ciudades como Terrassa se promocionan mediante campañas como Terrassa City of Film (“Terrassa, ciudad del cine”).
- Hasta lo más cotidiano se angliciza: el café de media tarde pasa a llamarse Coffee Latte (“café con leche”). La invasión es tan amplia que basta empezar a enumerarla para comprobar que realmente nunca se acaba.
Una llamada a la defensa del español
Detrás de esta moda no hay modernidad, sino una forma de sumisión cultural. El español, con su riqueza léxica, su precisión gramatical y su incomparable capacidad expresiva, merece respeto y protección. No se trata de rechazar otras lenguas, sino de conservar la nuestra con orgullo y sin complejos. Defender el español no es una cuestión de nostalgia, sino de dignidad cultural y de conciencia histórica.
Porque, como recuerda Gloria Lago, “el español es insuperable”. Y es nuestra responsabilidad mantenerlo vivo, íntegro y soberano frente a cualquier forma de servidumbre lingüística.