...Y la salvación de España de su juventud depende.
El 12 de agosto celebramos el Día Internacional de la Juventud, una fecha promovida por la ONU que busca conseguir la participación de los jóvenes en todos los ámbitos de la sociedad.
La juventud siempre empuja
Cada 12 de agosto, el mundo celebra el Día Internacional de la Juventud, un recordatorio necesario de que el presente —y no sólo el futuro— depende de quienes hoy encarnan el impulso, la energía y la esperanza de nuestras sociedades. En tiempos de incertidumbre, desigualdad y cambio, es urgente volver la mirada a la juventud, no como una categoría pasiva que espera su turno, sino como un actor fundamental de transformación.
En España, este día no puede ser solo un gesto simbólico. Debe ser una oportunidad para escuchar, valorar y confiar en una generación que, a pesar de los desafíos, sigue empujando con fuerza hacia un futuro mejor.
Lo expresó con claridad Miguel Hernández en su poema Llamo a la juventud, escrito en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia.
“La juventud siempre empuja,
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.”
Hoy, casi un siglo después, sus palabras siguen siendo verdad. La juventud empuja porque no acepta el cinismo, porque todavía cree en la posibilidad de cambiar las cosas. Vence cuando se organiza, cuando participa en la vida democrática, cuando levanta la voz por sus derechos, por el planeta, por la igualdad. Y sí, la salvación —el futuro, la dignidad, el rumbo— de España depende de su juventud.
No es sólo poesía. Es una declaración de principios. La juventud empuja porque no se resigna, porque cuestiona lo que está dado, porque sueña con lo imposible. Y vence no por fuerza bruta, sino cuando cree en sí misma y logra mover estructuras anquilosadas. La historia de nuestros pueblos está marcada por jóvenes que cambiaron el rumbo de lo establecido, que enfrentaron dificultades, que defendieron derechos, que abrieron caminos donde antes sólo había muros.
Pero también es un llamado a la responsabilidad. Si la salvación de una nación depende de su juventud...
¿Qué estamos haciendo como sociedad para escucharla, protegerla y acompañarla? ¿Qué condiciones les ofrecemos para que estudien, trabajen, se expresen libremente y participen en la vida política y cultural? ¿Cómo vamos a exigir que nuestra juventud salve al país si le negamos oportunidades?
No basta con elogiar su energía; debemos garantizar sus derechos. Altas tasas de desempleo juvenil, precariedad laboral, dificultades para acceder a la vivienda, salud mental desatendida, exclusión política... Estos no son problemas individuales, son síntomas de un país que aún no ha sabido cuidar ni confiar lo suficiente en su juventud.
España tiene una generación joven preparada, formada, conectada con el mundo, comprometida con los grandes desafíos globales: el cambio climático, los derechos humanos, la paz y la democracia, la justicia social, la corrupción política... Una juventud que no espera que le den voz: se la toma. Que no quiere que le escriban el futuro: quiere escribirlo ella.
Este 12 de agosto, no basta con homenajearles. Hace falta abrirles paso, garantizar que tengan acceso a una educación pública de calidad, a empleos dignos, a una vivienda accesible. Hace falta una política que no hable sobre los jóvenes, sino con ellos y desde ellos. En este Día Internacional de la Juventud, celebremos a quienes empujan el mundo hacia adelante. Y comprometámonos, como sociedad, a no frenar ese impulso.
Porque si la juventud siempre empuja, España no puede resistirse a ese empuje. Más bien debe seguirlo, acompañarlo y dejarse transformar por él. Necesitamos juventudes comprometidas y —al mismo tiempo— necesitamos adultos que no les teman, que no las subestimen, que no les roben la voz
En ello nos va mucho más que una conmemoración: nos va el futuro. Porque como dijo Miguel Hernández, la salvación de España de su juventud depende.
Desde Salir al Aire, en nuestro esfuerzo por generar sinergias entre el asociacionismo catalán de inspiración hispánica, nos sumamos a este llamado a confiar en la juventud como motor imprescindible de convivencia, identidad compartida y renovación democrática.
Fragmento del poema Llamo a la juventud, de Miguel Hernández.
Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.
Cuerpos que nacen vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un siglo,
y son viejos cuando vienen.
La juventud siempre empuja
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.