Editorial

Cada incendio es prueba de un modelo que no funciona.

La España que arde cada verano nos recuerda que los problemas nacionales no pueden seguir siendo rehenes de la polarización. Si no somos capaces de cambiar la manera de gobernarnos, seguiremos lamentando cada estío la misma tragedia: bosques convertidos en cenizas y un país que se vacía, mientras los partidos miran hacia su ensimismamiento.

Incendios forestales, política inútil y la España olvidada.

Agosto de 2025 vuelve a teñirse de humo y cenizas en nuestros montes. Una vez más, los incendios forestales arrasan hectáreas, devoran biodiversidad y ponen en riesgo pueblos enteros. Una vez más, los discursos políticos se llenan de promesas huecas y acusaciones cruzadas. Lo que no cambia es la realidad: España arde cada verano, y el Estado responde tarde, mal y con parches.

No es casualidad. La raíz del problema no está solo en el cambio climático o en el calor extremo, sino en la ineficacia de un sistema político atrapado en la polarización partidista. La llamada partitocracia convierte cada crisis en munición electoral, mientras lo esencial —el cuidado del monte, la gestión forestal, la lucha contra la despoblación rural— queda relegado a notas de prensa y planes que nunca se cumplen.

España no es un Estado fallido, pero sí prevalece un sistema ineficaz. Los partidos colonizan las instituciones con personas cuya primera lealtad es al aparato político y no a la sociedad. Así, se ignora lo urgente: repoblar y dinamizar la España vaciada, limpiar y gestionar los bosques, invertir en prevención en vez de resignarse a gastar millones en extinción.

Lo que se quema no son solo árboles: es la cohesión social, la confianza en las instituciones...

El incendio es el símbolo de un país que descuida lo propio. La tierra arde porque el Estado no sabe —o no quiere— trabajar con visión a largo plazo. Y lo que se quema no son solo árboles: es la cohesión social, la confianza en las instituciones y la vida de quienes todavía resisten en el medio rural.

Urge pensar más allá de este ciclo estéril de reproches. No se trata de inventar un nuevo Estado, sino de repensar el gobierno democrático para que prime la eficacia y la eficiencia. Necesitamos administraciones lideradas por personas muy capacitadas, con criterio técnico y responsabilidad real, que pongan por delante el bienestar común frente a los cálculos partidistas.

La España que arde cada verano nos recuerda que los problemas nacionales no pueden seguir siendo rehenes de la polarización. Si no somos capaces de cambiar la manera de gobernarnos, seguiremos lamentando cada estío la misma tragedia: bosques convertidos en cenizas y un país que se vacía, mientras los partidos miran hacia su ensimismamiento.

Desde Cataluña enviamos un abrazo solidario a todas las regiones que este verano han sufrido con mayor dureza los incendios. Vuestra pérdida es también la nuestra, porque cada bosque arrasado es un trozo de España que se nos va.

Con este editorial, desde la revista Salir al Aire, queremos despedirnos con un mensaje sencillo y firme:

Salir al Aire libre y cuidar el entorno.


Que el humo de este verano no se disipe en silencio: que sea la chispa de un cambio real.


La canción es muy popular en los pueblos de toda la cordillera Cantábrica. Tanto en Cantabria como en León se la conoce como Viva la montaña o Viva la montaña, viva; y en Asturias Chalaneru.

El vídeo es una idea original de 'Lucha por la Montaña' (para la promoción y desarrollo de la montaña leonesa), en colaboración con el fotógrafo y videógrafo Sergio Lario Pérez y el cantautor Mikel Ferreras.