Asresola realiza una misión generosa y encomiable, de acercamiento y ayuda.
La Asociación para la Reinserción Sociolaboral (ASRESOLA) ofreció una conferencia sobre enfermedades mentales sobrevenidas en prisión, incluida en el ciclo Otra justicia es posible. La asociación desarrolla proyectos para mejorar la gestión de la reinserción en la sociedad a las personas que salen de su reclusión.
Me he felicitado siempre de tener buenos amigos en mi vida. Es una de las cosas que más le agradezco a Dios, porque los buenos amigos le ayudan a uno a hacerse bueno también. El pasado día 12 de junio, dos de esos amigos de cuya amistad me honro —Javier Moreno Oliver y Santiago Lorenzo Sueiro, ambos colaboradores destacados de la asociación Asresola, dedicada a trabajar en la reinserción social y laboral de personas que padecen o han padecido prisión— me probaron una vez más la verdad de ese aserto, porque me invitaron a asistir, en representación de la asociación Salir al Aire, a un acto sobre el cual lo menos que puedo decir es que salí ‘tocado’.
Nada hay más positivo que la caridad, la solidaridad, la empatía, el amor fraterno…
Tocado anímica y humanamente, es decir, hacia el interior de mí mismo como persona, y hacia el exterior del mundo como ciudadano. Ambas cosas en sentido positivo, por supuesto. Muy positivo. Porque nada hay más positivo en este nuestro mundo tan castigado por el individualismo, la pereza mental, la falta de compromiso y el egoísmo, que se nos recuerde el sufrimiento y desvalimiento en que viven personas ajenas a nuestro círculo de confort, despertando en nosotros eso que tantas veces olvidamos y que denominamos de diversas formas: caridad, solidaridad, empatía, amor fraterno…
El acto al que me refiero fue la conferencia de Javier Moreno Oliver cuyo título está en el encabezamiento de esta reseña. Conozco a Javier desde hace muchos años, y cada vez que le oigo me reafirmo más y más en el convencimiento de que es una de las mejores cabezas que existen en nuestro país en su ámbito profesional. Javier es hombre de espíritu inquieto, doctor en Psicología, profesor universitario, perito forense, autor de muchos libros y trabajos en la materia, y poseedor de una experiencia de más de diez años en el mundo penitenciario, como primer director que fue de la cárcel de Can Brians, uno de los centros pioneros en su especie puesto en marcha por la Generalitat de Catalunya tras hacerse cargo de las competencias estatales en materia penitenciaria en el espacio autonómico catalán. Javier Moreno aúna, pues, teoría y práctica en el tratamiento de la materia de su conferencia.
Como era de esperar para quienes conocemos su capacidad, la conferencia de Javier estuvo, como siempre, a gran altura, y, además, expuesta con didactismo excepcional. No voy a hacer el análisis de lo dicho por él; quien quiera conocer sus trabajos sobre la cuestión, lo tiene fácilmente a su alcance consultando las varios sitios webs que patrocina en el espacio informático y, también, en los artículos que publica en revistas especializadas, por ejemplo, y porque viene al caso, en la revista Resiliencia, que edita Asresola.
Asresola realiza una misión generosa, valiente y encomiable, de acercamiento y ayuda.
Pero digo que no voy a analizar aquí lo dicho por Javier porque él no era el protagonista del acto: los verdaderos protagonistas eran y son quienes, por circunstancias de la vida o por sus propios errores, padecen o han padecido prisión. Circunstancias y errores que no invalidan en absoluto su condición y calidad primera de ser criaturas humanas, iguales en dignidad intrínseca a todas las demás. Y, junto a ellas, otros protagonistas del acto eran y son ese grupo de personas buenas que, agrupadas en la asociación Asresola, realizan una misión generosa, valiente y encomiable, de acercamiento y ayuda a quienes desgraciadamente se han visto o se ven apartados de la sociedad.
En Asresola no pretenden justificar nada, ni tapar nada, y no confunden piedad con justicia; solo ayudar al hermano caído a levantarse, llevando a cabo una de las obras de misericordia de la caridad cristiana y de la filantropía meramente humana, cual es la de visitar al encarcelado; obra que incluye, por extensión, otras de igual excelsa categoría, como enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar las injurias, consolar al triste, y también, cómo no, procurar amparo material de comida y trabajo, dentro de sus posibilidades, a quien lo necesite, dentro de su campo específico de acción.
Y sí: salí ‘tocado’ y reconfortado del acto que reseño. Y pensé que mientras haya gente así, que eleva a tan alto grado la virtud de la compasión, hay esperanza para este mundo. Gracias pues, infinitas gracias, a Javier y Santiago, a Asresola, y a Paco Pardo, impulsor de esta asociación, a quien tuve el gusto y el honor de saludar, y con el que hemos de seguir conversando. Con vuestro esfuerzo y generosidad hacéis sociedad, hacéis pueblo, hacéis patria, y hacéis un mundo mejor. Salir al Aire está con vosotros.